3 de agosto de 2008

Mi parto en casa

Anhel nació hace más de un mes. Recuerdo que cuando volví de Acuario, de parir a Abril, tardé un día en escribir el relato de nuestro parto, estaba deseando contarlo, me sentía eufórica y no quería olvidar nada. En esta ocasión me ha costado varios intentos desmotivados, pero finalmente aquí estamos.
Si he de resumir cómo han sido los nacimientos de mis hijos, diría que la cesárea de Arián estuvo presidida por el miedo y la incertidumbre. En el PVDC de Abril, reinaron varias sensaciones, sobre todo el poder, la satisfacción, la victoria, la emotividad, la sorpresa... El parto en casa de Anhel se resume con "decepción". El ha tenido un buen nacimiento y mis otros hijos una fantástica experiencia, mi marido una gran -y merecida- satisfacción personal, todo "lo que importa" está bien, sanos los dos, sin violencia obstétrica ni malos tratos. Yo me siento feliz por todo ello. Pero aun así, me siento profundamente decepcionada con mi parto. Me entristece que la gente me pregunte cómo fue y mentir con un "muy bien" o explicar cuatro pinceladas si hay confianza, que lo único que hacen es dejar en no muy buen lugar a los partos en casa. Es más fácil defenderlos si todo ha ido rodado, que es como suele (y debería, si no hay complicación) ir.

El caso es que fue un parto demasiado largo para mi gusto y demasiado intenso en su etapa final. (Tres embarazos y este último ha querido ser diferente en absolutamente todo). Aquí el factor sorpresa no existía, aquí ese "poderío" que te da un primer parto respetado, sobre todo tras una cesárea, cuando descubres esa naturaleza salvaje, mamífera y tremendamente poderosa que habita en ti no sorprende, ya la esperas. Aquí ya has hecho el camino antes, por lo que tu útero y tu vagina recuerdan cómo es parir y lo hacen aun más eficazmente. Aquí la euforia de "haberlo conseguido" ya no existe con la misma intensidad, porque ya sabes que puedes hacerlo, digan lo que digan. Y todo eso es normal y lógico que le pueda quitar algo de 'magia' al asunto. Además si algo he aprendido durante estos años de 'bagaje' por estos lares de la maternidad, es que cuanto menos esperes de un parto, mejor. Que hay que disponerlo todo para que vaya de diez pero tener presente que quizá la nota acaba más baja, que hay que dejarlo fluir, hay que dejar que su propio cauce sea quien lo dirija y que no se puede intentar planificar al detalle, porque con bastante probabilidad, no saldrá como esperabas. Así que mis expectativas eran bastante escasas: ninguna, salvo que fuese sin complicaciones y una buena atención que facilitase el proceso. El resto estaba todo atado como para no dar problemas, y yo me sentía segura y apoyada por mi marido. ¿Qué podía fallar?

Inicialmente, iban a ser dos comadronas las que nos atendiesen, V y S. Nos gustaba bastante el equipo que formaban, porque V era como la que 'dejaba fluir' (su frase: "tú confía", para todo), y S era la que redirigía las visitas hacia nuestras necesidades, hacia nuestras inquietudes, hacia el proceso. Aunque escogimos a V y S venía como compañera, luego fue S la que nos dio más seguridad en las visitas posteriores, previas al parto. Digamos que V era más espiritual y S era más sensata. Pero el día en que me puse de parto, S cogía vacaciones y en su lugar vino N, una de las matronas de 'la otra' pareja que trabaja con V y S, que nos habían presentado en la última visita por si 'había una emergencia'.Me hubiese gustado saber que S tenía vacaciones cercanas a mi FPP, la verdad. N parecía muy maja, pero apenas había hablado con ella.

En una de las visitas preparto, le expliqué a V y a S lo importante que era para mí conseguir que funcionase la lactancia. Les expliqué que Abril había tenido un frenillo no diagnosticado que dio muchos problemas. Me llegaron a preguntar qué me preocupaba del parto y les contesté "que funcione la LM", y V respondió que por eso no sufriese porque ellas de lactancia 'sabían bien'.
Les comenté que si en el parto de Abril me hubiesen ofrecido llenarme la bañera, habría dicho que si. Pero que no tuve fuerzas para pedirla, así que les dije que me la ofrecieran en la dilatación, por si me apetecía meterme.
También en uno de esos encuentros previos nos dieron una lista con todo lo que había que preparar, que prudente y meticulosamente dejé listo semanas antes del parto, y que mi marido bajó al comedor antes de que llegaran las matronas el día del parto.
En la última visita previa al parto, ofrecimos la buhardilla a las matronas por si se daba el caso de que la cosa se alargaba u ocurría durante la noche y necesitaban descansar alguna de ellas, ya que tiene un sofá-cama amplio y cómodo.
S me preguntó qué esperaba de mi parto, del papel de las matronas, del de mi marido, del de Anna: A mi marido, mi apoyo. A Anna, que se encargase de mis niños. A ellas, que fuesen espectadoras de mi parto, vigilando que todo transcurría bien.

Pasé una semana en pódromos. Que si contracciones molestas, que si tapón, que si dolorcillo de regla... Finalmente, el día 24 de junio, sobre las 22h, estuve segura de que el parto, por fin, había comenzado. Nuestro bebé nacería con toda probabilidad el día 25 de junio, así que Héctor avisó en el trabajo y comenzó a dejar preparadas todas las cosas de la lista "Hacer el día del parto", y yo avisé a V y Anna (nuestra 'doulacanguro', contratada para acompañar a los niños) de que aquello parecía que por fin había comenzado, para que estuviesen preparadas por si las llamaba. Eran contracciones de parto, pero de las que se llevan sin problema, así que pretendí irme a la cama... pero aunque se soportaban sin complicación, no eran tan livianas como para quedarme frita, así que al final a la 1 am me levanté de la cama y anoté su frecuencia, que era algo irregular pero más o menos cada 10-15 minutos. A las 3am ya eran cada 5-10 minutos, seguían siendo irregulares y soportables y aun quedaba trabajo por delante, así que en la oscuridad y el fresquito de la noche seguí con mi trabajo a solas, creyendo que Anhel nacería por la mañana. A las 5 am subieron en intensidad, a las 5:30 se fueron acortando en tiempo y finalmente a las 06:30, tras 6 u 8 contracciones cada 2 minutos que me alarmaron un poco (¿qué había pasado?¡nuestra matrona tenía algo más de una hora de camino!), llamamos a V para que viniese a casa y le envié un whatsapp a Anna diciéndole que cuando se levantase se viniera para casa, sin prisa porque los niños dormían.

Comenzó a amanecer... y con cada rayo de luz que entraba en el comedor, mis contracciones se espaciaban. Dejaron de ser cada 2 minutos, pasaron a ser cada 5, cada 10... y cuando llegó V, sobre las 08:30, ya eran cada 15 minutos. Mi parto no se había parado, pero la luz había espantado a la osa que llevo dentro y me lo había relentizado. V esperó a que llegara N y se fueron a almorzar para ver si se animaba otra vez, pero cuando volvieron dos horas después (llamaron a Héctor antes por si tenían que regresar antes) seguía igual. V comenzó a decir que quizá se iban y volvían más tarde, que yo cómo lo veía. Yo le contesté que no sabía qué decirle, que en ese momento no las necesitaba, que no sabía si cuando se animase de nuevo iría rápido o no, y que tampoco sabía decir si sería en breve o tardaría mucho. Ella me preguntó cómo me sentía más segura yo, contesté lo mismo y que lo único que me preocupaba era que después no llegaran a tiempo. Le preguntaron a Héctor, que dijo que por él, mejor se quedaban.
Llegó Anna, escuchamos a Anhel...


V me hizo reflexologia en los pies, con aceites esenciales, en la habitación, a oscuras... (no sabía yo que la reflexología podía doler así), pero me relajé y al rato bajé abajo.
Mis contracciones seguían sin ser regulares, de nuevo la duda de si se iban o no. Pensé en esos partos que cuelgan las de "Néixer a casa", donde se tiran 48 y hasta 72 horas en casa de la familia... ¡estaba claro que no iba a ser mi caso! No entendía tanto empeño por irse, aunque V no hacía más que decir, después de que se iban a ir, que a ella le daba igual quedarse. Y yo me preguntaba por qué si el parto no se había parado y ella tenía más de una hora de camino, no dejaba estar el tema y se quedaban sin más.  Le dije que por la comida no se preocupase, que habíamos contado con ellas y había canelones para todos!

Sobre las 12h decidieron que se iban, pero las contracciones aumentaron en intensidad, el dolorcito ya comenzaba a molestar. Seguían irregulares, pero algunas venían más seguidas. Cada vez que cogían la maleta para irse, mi cuerpo las paraba con otra contracción fuerte. No les quedó más remedio que quedarse, así que se subieron a la buhardilla 'para no interferir y eliminar factores externos'. Héctor ya no se separó de mí y puso velas y música, bajó las persianas para hacerme una cuevita y estuvo a mi lado en todo momento.
Las matronas bajaron alguna vez para ver cómo iba, yo tenía gana, así que comí fruta y frutos secos y fui bebiendo zumos y agua que me traía... todo el mundo. Sobre las 15h estuvieron listos los canelones que habíamos descongelado, pero yo ya no tenía hambre, las contracciones eran ya muy dolorosas y fui probando diferentes sitios para encajarlas: en la pelota, en el sofá, en la mecedora... recuerdo sentir que me daba la mano Arián una de las veces, entre contracciones.

V y N se quedaron conmigo para que Héctor pudiera comer con los niños y Anna, luego fueron a comer ellas y después volvieron a la buhardilla.
Cuando venía la contracción no estaba cómoda en ningún sitio, me tenía que incorporar siempre, me arrepentí de no haber dejado a Héctor agujerear la pared para colgarme un fular del que poderme colgar en el parto. Finalmente sentada en la pelota y agarrada al piano me quedé, con Héctor al lado.
Héctor se ofreció como apoyo, me masajeó las lumbares, grabó con la cámara algún trocito... Yo necesitaba sentirlo conmigo con cada contracción, no le dejaba irse lejos, lo llamaba cuando comenzaba una nueva si él no la había visto venir solo y ya lo tenía allí, disponible para mí. Tuvimos un vínculo y una complicidad absolutos. El sabe que lo hizo bien, pero no sabe hasta qué punto fue importante para mí.
Sentía que entraban a veces los niños, con Anna, sin molestar, y de igual manera que se iban. A veces sentía sus risas fuera, en la terraza.

Estaba muy cansada, la noche sin dormir comenzaba a pasar factura y cabeceaba entre contracción y contracción. Ya eran muy potentes, "la piscina no me vendría mal", -pensé-.

Pasadas las 17h tuve la primera contracción de expulsivo: una contracción larga como no había tenido jamás, ni con Arián ni con Abril. Cuando se suponía que debía comenzar a bajar de intensidad, -y ya le había concedido el tiempo de una contracción de las más duras-, mi cuerpo apretó por primera vez y la contracción continuó y continuó, noté que los ojos se me iban hacia arriba y que llevaba una endorfinada encima como la copa de un pino. Aquella contracción tan larga me hizo pensar: "¿dónde demonios están las comadronas? Hacía muchísimo que no las sentía por allí... ¡Anda que hago una rotura uterina y aquí no se entera ni dios!"  Pero algo más poderoso me sacó de esas tonterías: la cabeza de mi hijo que comenzaba a atravesarme. "¡Guau! ¡La de Abril no la había notado así!" Y bajaba, y bajaba, en aquella contracción interminable.
La siguiente fue igual, otra contracción bestial, que en medio de aquel rugido que me salía de las entrañas más profundas de mi ser, me hacía abrir la mandíbula como si la tuviese que desencajar. Recordé a Enrique, en el parto de Abril, diciéndome que hiciese la fuerza por abajo en lugar de por arriba, así que dejé mi mandíbula desencajada y ahogaba en el silencio el rugido que me tragaba para ayudar a mi bebé a seguir bajando. Y mi hijo bajaba, y bajaba, y seguía bajando en otra contracción que parecía no tener fin. Recordé de nuevo a Enrique, cuando me apretaba en el muslo para recordarme que tenía que respirar. [Respira, Mireia, dale aire a Anhel, vamos, no estás respirando, respìra!!!]. Y como podía hacía respiraciones rápidas que le aportaran oxígeno, porque no podía respirar de otra forma en medio de aquellas contracciones. Me refugiaba en mi marido en todo momento, lo necesitaba allí, le agarraba, él paría conmigo. (Si, yo, la anti "estamos embarazados" diciendo que mi marido paría conmigo. Si. Los dos parimos a este bebé).
[¡Las comadronas! ¿Pero dónde coño estaban, es que no me oían? ¡Quería la bañera y como no bajaran YA iba a parir en el sofá, necesitaba el agua para atenuar aquel dolor! Mierda, había que hablar :]
-Héctor, llámalas, quiero la bañera.

Habían comenzado a bajar las escaleras. O lo habían escuchado subir. Se pusieron a nuestro lado a ver cómo iba el asunto. Otra contracción, ellas mirando, rompo aguas a mitad de contracción, pero no sale el agua "plof", sino taponada por la cabeza de Anhel, a presión por mi pujo, y extrañada sin saber bien qué era, digo que creo que me he hecho pis. Y baja, y baja, y baja su cabeza, y yo me abro más y más mientras me atraviesa ¿Cómo podían ser tan largas las malditas contracciones? ¡No me daban tregua, aquel expulsivo no se parecía en nada al de Abril!.
"¡El agua!" -pedí de nuevo-. [¿Pero es que nadie se da cuenta de que estoy a punto de parir? Ahora no os quiero mirando, ¡os necesito llenando la piscina, haber mirado antes, joder!] Comencé a pensar en cómo iba a cogerlo, sentada en el sofá, porque a ese paso era allí donde iba a nacer mi bebé. ¿Pero por qué tenía que estar pensando tanto? Necesitaba dejarme llevar, entrar en el 'planeta parto' y no había manera... Jolín, no me molaba nada todo aquello...
De nuevo 'me fui' hasta Acuario y recordé a Carmen, la matrona de guardia, mi 'punto negativo' en el nacimiento de Abril, cuando vino a la habitación y me vio en completa comenzó a decir nerviosa: "me teníais que haber avisado antes, que esto es una cesárea previa, ¡que es una cesárea previa!", y recuerdo que pensé, sentada en la silla de ruedas importándome un pimiento si me veía en pelotas la clínica entera: "¿No me jodas que tengo cesárea previa...? ¡Y yo que creía que había venido hasta aquí para no escuchar estas tonterías!...". Pues eso pensé, pero en este caso era: "¿Esto vale 1800€? ¿Para esto estoy pariendo en casa?"

Por fin traen la piscina y me dicen que van a hacer un poco de ruido hinchándola, que si me quiero ir a otro sitio. Yo pienso 'venga, vamos al baño', pero mi cuerpo no me acompaña. "Venga, vamos, allí sentada en el wc no estarás mal...". Pero mi cuerpo sigue sin responder. Niego con la cabeza, no me muevo. No puedo. Está a punto de llegar otra contracción. Y entonces comienzan a hinchar la piscina, con un hinchador de esos eléctricos que hace el ruido de cien aviones juntos. [¡Joder!!! ¿Pero qué haces???¡Apaga ese ruido del demonio, que estoy empujando!].
-¡Fuera!!!", -les gruñí como pude-. "-¡Hínchala fuera y éntrala rodando por la puerta!".
En mi mente, reclamo mi planeta parto. [¿Pero por qué tengo que estar pendiente de estas mierdas? ¡No entiendo nada!]
Otra contracción, la piscina sigue sin estar lista. Vuelvo a "hacerme pis" al empujar. V me dice que "con bragas no se puede parir", y me las quita.
-¿Ya?, -pregunté un par de veces, desesperada.

Finalmente, cercanas las 18h, la piscina está llena. [WOOOOOOOOOOOOOOOOW... Habría estado genial tenerla hace dos horas!. Qué bien, qué bien, qué alivio, qué gusto... A-DO-RO-EL-AGUA!!!]

Una o dos contracciones mas en el agua. Tengo una calor que me muero, estoy sudando de lo lindo, han apagado el ventilador para cuando nazca el bebé y yo me estoy asfixiando (mientras él nace, a mí que me zurzan... ¡creía que ahora importaba yo!). Suerte que N me abanica porque estoy sofocadísima y una vez que la pobre se detiene le digo: "¡no pares!" (Gracias, N, por darme aire!)
Siento a los niños, Anna les explica lo que pasa.
Siguiente contracción. Cuando acaba, pregunto si ya se le ve, (me gustaría verle la cabecita con el espejo, pienso). V me dice que aun no, que aun falta un poco, así que Anna se lleva a los niños. Yo me extraño, porque lo he sentido ya abajo, creía que no había salido porque me abrasaba y he dejado de empujar en el final de la contracción y por eso no 'lo he dejado salir', pero parece que no.
En el agua mi cuerpo me deja descansar, un poco de tregua antes de la siguiente:
Tacháaan! Corono a Anhel. Cuando Héctor se da cuenta y va a coger la cámara, piensa que si lo graba, los niños no ven nacer a su hermano... así que se va a por los niños. Una contracción más, aprieto con todas mis fuerzas, y sale la cabecita entera. Anhel la mueve a un lado y a otro mientras aun está dentro de mí.
Siento que Héctor dice "¡mira cómo se mueve...!" y se emociona.
Siguiente contracción, oigo a V que me dice "despacito, despacito", así que creo que es para que no me desgarre y dejo que en la última contracción mi cuerpo, casi sin mi ayuda, saque a mi bebé. [Pensé que no sería capaz, pero mira, lo estoy haciendo, ¡no empujo!: ojalá así no me desgarre] Pero cuando sale noto que ya hay algo roto por ahí. Vaya. No me había dicho lo de despacito para evitar nada...


¡Flop! En una pequeña sacudida, de un lado y de otro, Anhel va al agua. Y lo cojo, precioso, no llora nada. Son las 18:30h.
Oigo a los niños, pero no se qué dicen. Le echo agua por encima para que no se enfríe, lo acaricio, lo miro, lloro. Busco a Héctor, a mi hombre, a mi punto de apoyo, a mi TODO; [Hemos parido, amor. Gracias por ayudarme] Le pido que me bese, toda mi gratitud va en ese beso, que es mucha. Me dirijo a mis niños, pero no recuerdo qué les digo, me recuerdo emocionada.
Miran el cordón, perfecto, bonito, latiente. Lo tocan todos, incluidos mis niños, y lo admiran. Nos quedamos un rato en la bañera y alguien me echa una toalla encima para tapar a Anhel. Había una montaña de toallas preparadas justo al lado. Pero cuando la voy a coger para taparlo... ¡arg! ¡Qué tiricia me da! Es la manta de 2x2m del sofá!. "-¡Esto es la manta!" -les digo, sacándola empapada.
En el agua, le susurro su nana a mi niño. Llevo el camisón puesto, ni me lo había quitado en mi desesperación por meterme en el agua, pero Anhel está tan tranquilo y mirándolo todo, que pienso que mejor le doy de mamar fuera, seca.

No se cuánto tiempo después, salgo del agua y me siento, con ayuda, en el sofá. V me dice que si tengo ganas de empujar, empuje, aunque me moleste, que tiene que salir la placenta. Pasado un rato, el cordón deja de latir y empujo (si, duele, tampoco lo recordaba con Abril así) y noto con alivio cómo sale la placenta. Oh, ahora si está todo mejor, ahora sí siento alivio por fin. Cortan el cordón entre los tres, Héctor y los niños.


Me dice V que me tumbe hasta que me mire, pero le digo que quiero amamantarlo y me dice que lo haga tumbada. Pretende que el niño se agarre de forma espontánea pero no puedo, tengo el pecho demasiado grande, se me va hacia el lado. El bebé no se puede agarrar así y yo me siento violentísima ante su empeño de dirigir sin éxito unos pechos enormes que no se mantienen arriba para que mi niño pueda reptar hasta ellos.

Permanecemos mucho rato así, piel con piel, yo miro a mi niño hermoso. Pienso que no tengo una sensación bonita, pero que él es precioso y que por fin se ha acabado. Tiene un ojito cerrado, parece que se ha hecho un poco de daño con la uñita o algo. Se me hace pis encima. No lleva nada, estamos completamente desnudos bajo las toallas.


V va y viene, pero yo no se dónde para...Yo sólo miro a mi bb... Quiero darle de mamar, sino se va a dormir. Se lo vuelvo a decir a V, y ella vuelve a decirme que le de tumbada hasta que me haya mirado el periné, que puedo darle así. Yo le digo otra vez que no puedo darle tumbada en el sofá, que necesito incorporarme un poco, y ella vuelve a decir que ahora me mira.
Vuelve a hacerse pis encima... [¡Como se haga caca nos vamos a poner buenos los dos! ¿No dijo S que le harían un primer pañalito provisional para el 'piel con piel', con las gasas que he comprado?.]


A las 20h, V viene a mirarme el periné. No tengo ni idea de qué ha estado haciendo, creo recordarla recogiendo las cosas con N y me parece que ha estado haciendo las infusiones en la cocina para curarme y que me cure yo después.
Anhel está dormido desde hace mucho rato. Sin mamar. Lo pesa y mide, 48cm y 3000 grs: anota los datos en su cartilla sanitaria y se lo da a Héctor, que también hace piel con piel con él mientras me mira a mí.


Me dice que tengo un desgarro y que si quiero que me cosan o que se cure solo. Me lo enseña con el espejo [anda, ¡si aquí está el espejo!] para que vea que es bastante lineal y 'limpio', me dice que si no abro las piernas en una semana, se me cura sin coser. Yo ya no quiero más historias ahí abajo, hace mucho que ya parí, que saqué la placenta, que estoy en el sofá... ya no cosemos. Estaré una semana con las piernas cerradas, aunque me ha parecido un buen desgarro (como 1cm de profundidad y como una falange de largo, es de segundo grado, pero si dice que se cura, se curará).
Anna hace con los niños tres bizcochitos rápidos, los decoran y les ponen una velita, el 0, para celebrar que Anhel ha nacido. Nos queda una excelente experiencia del trabajo de Anna: los niños han entrado cuando han querido, han tenido las explicaciones que han necesitado y no han demandado nuestra atención porque han estado entretenidos. Gracias, Anna.

Me pongo de pie para subir arriba, a la cama. Qué sensación más angustiante, me ahogo, es como si la barriga me vaciase el aire de los pulmones. ¿Pero qué me pasa? Caminamos hacia las escaleras... me mareo. Jolín, qué floja estoy. V me dice que es normal, que de repente mi metabolismo tiene que adaptarse a seis quilos menos... pero yo pienso que eso pasa después de cada parto y de nuevo recuerdo el de Abril, donde no me sucedió nada parecido. Añade que ya no tengo la edad que tenía con Arian y Abril. (Jo, vale, es verdad... soy más mayor. Supongo que la cantidad de peso que he ganado en este embarazo y cómo me ha imposibilitado dan su fruto ahora también...) Finalmente llegamos a la habitación, me doy una ducha con ayuda de Héctor y me quedo en la cama. V y N me dicen que vendrán al día siguiente para verme y nos despedimos.

Al día siguiente V y N no pueden venir, tienen otro posparto, así que vienen un día más tarde. No me gusta, pero no digo nada. Me va preguntando por whats y me llama para ver qué tal estoy. Yo me siento  muy floja, muy débil. Anhel parece muy sano, estoy muy alerta de que no de ningún signo de sepsis, al haberme dado el estreptococo positivo durante el embarazo. Llamo a su pediatra para que me lo visite antes de la 'visita protocolaria' de los 15 días, para asegurarme de que está bien. Mama muy seguido, le cuesta engancharse y me duele mucho el agarre, que además se suelta muchas veces. V me dice que me lo pegue bien, que eso es la postura... Me dice que haga la postura de caballito para disminuir el dolor, me manda fotos de otras mamás con sus bebés, pero yo soy incapaz de hacerla, me faltan manos para sujetar y dirigir al bebé y sujetar y dirigir mi enorme pecho. Consigo darle de mamar con la ayuda de Héctor, sino es imposible. Qué aparatoso, qué frío. Yo no tengo esas tetitas redondas y perfectas que tienen las mamás de las fotos, no se hacerlo.

Un par de asesoras y dos IBCLC me dicen, al enviarles fotografías de su boquita, que Anhel tiene un frenillo sublingual de tipo 3, y que esa es la causa del dolor. V me hace la 2ª visita postparto, tengo el desgarro bastante bien, Héctor me lo cura cada día con las infusiones que me prepararon. Le explico a V lo del frenillo de Anhel, pero me insiste en la postura (hasta que comprueba que la postura es buena y aun así hace daño) y me dice que un frenillo 3 o 4 no es como un 1 o 2, que se puede dar de mamar perfectamente. [Bueno. Después de lo que yo pasé, que me digas esto es un poco heavy.]
Queda una visita posparto, pero me avisa el domingo por la tarde para venir el lunes por la mañana y no podemos, porque tengo que acompañar a Héctor a hacer unas gestiones para las que ya tenemos hora y yo tengo que ir, así que así se cierra 'el servicio'. En realidad me da igual porque sobre todo necesito apoyo con la lactancia y ya me ha dicho que los frenillos 3 y 4 no importan... Me dice que si necesito cualquier cosa la llame. No lo hago.

Héctor se asustó cuando comenzaron las contracciones del expulsivo. Se asustó cuando vio cuánto duraban. Pero allí estuvo, conmigo. Solo. A pesar de sentirse desamparado. El ha escrito su relato, donde también lo explica desde su punto de vista, y lo hemos hablado. Me dice que me olvide de la parte mala, que es lo que él ha hecho, que me quede con lo bueno. Pero yo no puedo, porque "la parte mala" es MI PARTO. 

Siempre pensé que una buena matrona ha de ser capaz de permanecer en un segundo plano, vigilando sin interferir si no es necesario. Pero una cosa es no darte ni cuenta de que están por ser discretas y otra distinta que no estén. No se qué hacían en la buhardilla, pero supongo que era muy interesante para ser más importante que lo que a mí me estaba pasando dos plantas más abajo.
Ojalá no les hubiera ofrecido la buhardilla nunca. Las infusiones, hinchar la piscina, y... por qué no, controlarme a mi, podía haberse hecho en todo el tiempo que estuvieron arriba.
Creo que tras un parto en casa, tratando a mujeres, en teoría ofreciéndoles apoyo como parte de tu trabajo, una llamada al mes de haber parido para recordarme la última dosis de vitamina K de mi bebé y preguntarme cómo estoy y/o evaluar la experiencia de la madre, no estaría de más. Pero no ha habido nada. 
No puedes no visitar a una mujer recién parida en las 24 horas siguientes porque tienes otro posptarto. ¿Acaso es más importante que el mío? ¿Incluso teniendo que vigilar a un bebé recién nacido por el Egb+?


Las pocas personas que saben cómo fue me dicen que hable con ellas. Yo no tengo ganas de hablar con ellas. No me siento 'maltratada', pero si siento que me fallaron y no quiero ir a decírselo porque ademas, creo que V ya lo sabe. Sabiendo como sabían que he pasado un embarazo donde he estado tocada emocionalmente, que me he sentido muy sola. Siento que era tan fácil que todo hubiese ido bien... y lo estropearon. V era la que más dirigía, a N se la veía 'menos rodada', pero la verdad es que era muy dulce. Si hubiese estado S creo que habría sido muy diferente, porque ella se había encargado siempre de 'focalizar' las cosas, de dirigirlas cuando se iban, de centrarse en mi cuando V no lo hacía. Mi sensación fue de que a V se le acumulaba la faena, que iba como por inercia dentro de un poco de caos, por la forma de pedirle cosas sin orden a N y de estar donde no debía cuando tenía que estar a otras cosas. Estoy casi convencida de que si S hubiese estado, como estaba previsto, mi parto no habría sido éste.

Mi periné tardó dos semanas en cerrarse. El agarre espontáneo con el pecho grande se hace mejor en posición sentada, 'me han dicho por ahí': el caballito no funciona bien con pechos grandes. Mi hijo tenía frenillo que hemos cortado con un mes, porque efectivamente, dificultaba la lactancia y su propia toma.
Hay un vídeo del parto... pero apenas se ve. Está todo oscurísimo, y la primera parte del nacimiento de Anhel no está grabada, porque mi marido fue a buscar a los niños, que querían ver nacer a su hermano. Nadie hizo fotos tampoco. Me apena que éste haya sido mi parto. Me cuesta ver partos en casa con dilataciones en la piscina, matronas masajeando lumbares, haciendo fotos del expulsivo (posible solo si son dos, claro) o del primer momento familiar, leyendo cómo los ventiladores las aliviaban del calor. Me cuesta leer el parto que yo creía que iba a tener en otras mujeres que no soy yo.
En cuanto Hacienda nos devuelva el dinero que nos tiene que devolver, le pagaremos a V la parte que queda del parto (hay que decir que fue flexible en cuanto a la forma de pago y si no fuese porque se me han quitado las ganas de pagarle, le estaría muy agradecida), y finalizaremos del todo una relación que no se bien cómo describir, pero que sin duda no volvería a repetir si pudiera volver atrás.

Gracias, amor. Fuiste mi punto positivo.


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30 de julio de 2008

Decantando la balanza...

30/07/2013
A veces la vida nos pone en tesituras que se pueden hacer insoportables. A veces es necesario decidir entre cosas que son tan importantes para tí que te es casi imposible descartar ninguna de ellas. Pero cuando crees que has perdido una para siempre, que es imposible tenerla, pones a prueba cuánto la querías.
Hablaba en mayo de ello y casi en agosto, después de intentar forzar el cierre a un sueño de amor, volvemos a abrir la puerta, a estar al principio pero en carne viva. Visceral. Sopesando, evaluando, en continuo conflicto mi parte emocional con su melliza y diferente racional.

"¿Hacia dónde me dirigiré, dividido hasta las venas?
Yo, que he maldecido
al oficial ebrio del dominio británico, ¿cómo elijo
entre esta África y la lengua inglesa que amo?
¿Traicionaré a ambas, o les devolveré lo que dan?
¿Cómo presenciar semejante matanza y quedarme impasible?
¿Cómo alejarme de África y vivir?"
 "A far cry from Africa", Derek Walcott
 
Y es que tenerme que despedir de tí cuando te he sentido tan cerca, tan mío... Cuando he podido imaginar tu dulce perfume, alimentándote de mí, dando tus primeros pasos, sonriendo con esa sonrisa tan bonita que podría dibujar. Lanzar tu manita y decir mamá. Cumplir tres añitos, y cuatro, y diez. Mis TRES hijos.
¿Cómo puedes dejar un vacío tan grande donde nunca has estado? ¿Cómo renunciar a tí, cuando te he sentido tan mío? ¿Cómo seguir negando algo que duele tanto negar?


No es el mejor momento económico, pero es el mejor momento emocional. El que lleva años esperando, el que no puede esperar más. El mejor momento de amor. El mejor momento de tiempo. El mejor momento de deseo. Te quiero, te adoro sin haberte conocido. Te quiero en mi vida, en la vida de mis hijos, en nuestra vida.
Decirte que vengas significa meter otro sueño en una maleta, mi universidad, y enviarlo de viaje... sin saber si volverá.






Pero estoy dispuesta. 
Te quiero más a tí.







Y se que no serán meses fáciles, pero me esfuerzo en 'saber' que saldremos adelante.
Intento acallar el terror que me doy a mí misma ignorando a una parte racional que me dice que no. Pero llevo casi siete años haciéndole caso, y ya no lo soporto más.
 Dejo, conscientemente, que mi balanza se decante. Me digo a mí misma que me doy dos meses más, dos meses para asegurarme, porque me da miedo tomar una decisión incorrecta. Pero luego pienso... ¿cómo puedes ser TU una decisión incorrecta?
Vuelan mariposas en mi alma por tí, de nuevo, con ganas de volar muy alto.




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27 de julio de 2008

¿Crisis de identidad?

27/07/2013
Sigo buscando respuestas para encontrar soluciones...
Pienso en libros como "Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer" o "Identidad y violencia". Pienso que Casilda Rodrigáñez también debe haber escrito algo que me ayude, y pienso en 'cosas raras' como Constelaciones Familiares y otras que tal vez puedan ayudarme pero ni conozco.
Quizá lo que yo creía una crisis existencial agravada por otros factores, es en realidad una crisis de identidad, o quizá es todo lo mismo, con distinto nombre. Que no es que tengas múltiples personalidades, sino que de repente, no sabes quien eres. Cuál es tu cara, cuál quieres que sea, qué hay entre medias de las dos y, sobre todo, cómo conseguir ser -genuínamente- 'la cara' que quieres ser. La persona que el mundo percibe de tí.

"Una Crisis de Identidad es un periodo en el que la persona experimenta profundas dudas sobre sí misma, acompañadas de sentimientos de vacío, soledad e incluso baja sensación de existencia".
Si algo me anima de todo esto, es que parece que cuando acabe, por fin, puede que ocurra mi metamorfosis. Si al final te tienes que quedar gusano pues te fortaleces como gusano, y si has de acabar siendo mariposa, extiendes tus alas. Pero sea lo que sea, es imprescindible salir del estado de letargo de crisálida en el que siento que llevo demasiado tiempo.

Mi 'talón de Aquiles'.
Parece ser que uno de los rasgos más significativos de la crisis de identidad es la inestabilidad emocional, donde se buscan roles a los que pertenecer, que nos definan y nos permitan SER, donde la persona ha de encontrar formas de afrontar la vida con herramientas diferentes a las que había utilizado hasta entonces. Uno de los principales pilares de esta estabilidad es la sensación de pertenencia familiar, y/o social, una sensación (o más bien falta de la misma en mi caso) que se reafirma con artículos como el de la importancia de la amistad, de Muy Interesante. Siento que el cúmulo de circunstancias que hacen que sienta esta soledad, esta 'falta de tribu', gritan un fuerte "Help" en mi interior que retumba en el vacío.

No hay más que leer el título de este blog para ver que esto no es nada nuevo, que llevo tiempo perdida intentando encontrar o descubrir a alguien en mí que ya no se si existe o puede existir. El problema es que varios años después estamos en el mismo punto de partida... y ahora esto ha explotado, he perdido el mapa y necesito una reconstrucción urgente. O quizá una construcción nueva, desde cero.

Así que, en un intento de ser positiva, me quedaré con una frase esperanzadora y la idea de que un 'crack' en el camino puede ser la herramienta para cambiar de trayectoria.
"La Crisis de Identidad, un paso necesario en la construcción del Yo"
"Los seres humanos atravesamos varios periodos de crisis a lo largo de nuestra vida, y algunos de ellos, se den a la edad que se den, sirven para ir construyendo lo que somos como personas, pues la palabra crisis significa cambio, y el cambio es, casi siempre, la antesala del crecimiento."

He leído:
Crisis de identidad
La crisis de identidad es un paso necesario para la construcción del Yo. 
Las relaciones de identidad y violencia de Amartya Sen



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25 de julio de 2008

Help!

25/07/2013
Siempre he dicho que creo que me equivoqué de época al nacer. Yo tendría que haber nacido para vivir a The Beatles y a Abba, estos tiempos no me gustan. Hay quien dice que los años 60 eran años difíciles para alguien rebelde como yo... pero yo pienso que fueron precisamente los años rebeldes, donde la gente se unía ante aquello que creía.
Mi marido dice directamente que me habrían quemado como a Juana de Arco. (Jesús!) Que alguien me enseñe a dejar de 'merecer' la hoguera...
Me gusta casi toda la música, pero a lo largo de los años, sobre todo, ha sido una compañera infatigable de viaje.
A veces, te da por escuchar por primera vez la letra de algunas canciones que has tarareado mil veces...



Y sólo se te ocurre decir "Help!"




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15 de julio de 2008

Hola, soy fumadora y llevo 4 meses 'limpia'


15/07/2013
Los días 2 de cada mes, cumplo meses 'SIN' y llevo cuatro y algo. Sabéis que he dejado de fumar, se que lo he conseguido y espero, de verdad, que a la tercera vaya la vencida y nunca más me vuelva a ver en éstas. Creo que el principal punto a favor que tengo es que no me considero ex-fumadora ni creo que lo haga en muchísimo tiempo. Más bien me siento como salen los alcohólicos en la tele: "Hola, me llamo Pepi, soy fumadora y llevo 4 meses 'limpia'". ("Te queremos, Pepi!") Además, es la primera vez que consigo dejar de fumar sin estar embarazada, y digo yo que eso también cuenta... Pero no lo llevo bien, aunque soy positiva y creo que todo pasará.
En realidad por el tabaco no me siento mal, aunque en muchas ocasiones me fumaría un cigarro, pero no me genera más esfuerzo que dejar de pensar en ello. El problema es todo lo que dejar de fumar ha conllevado. No me soporto, por resumirlo, ni yo. Yo que no destaco precisamente por ser una balsa de paciencia, estoy desbordada, crispada, irritable... Vivo en una especie de permanente e incomprensible SPM elevado a la enésima potencia y, además, como consecuencia o paralelamente, he entrado en lo que parece ser una 'crisis existencial' rozando la depre que me tiene hecha polvo. Parece que es 'normal' entrar en crisis cuando cerramos etapas, y soy consciente de que yo cierro una y abro otra, dejando algo muy importante para mí en el camino. Quizá sea eso, al menos parcialmente.
Además, llevo ganados diez quilos, que se dice pronto. No me preocupa el peso, aunque no me gusten estas chichas ni me sienta cómoda con ellas, aunque me hayan preguntado tres veces si estoy embarazada y no me entre nada de mi ropa, se que los perderé. [No me extraña que haya ganado lo que he ganado en los dos embarazos de mis hijos (24 quilazos), si sólo con dejar de fumar ya me hago el peso de un embarazo.]

El tema, que buscando información sobre la ansiedad que sigo teniendo (y mato comiendo, de ahí semejante cantidad de quilos), he encontrado un artículo excelente de la revista Runners, "ANSIEDAD AL DEJAR DE FUMAR", con el que me siento identificadísima y que, la verdad, me ha aliviado bastante al descubrir que al menos parte de mis 'agobios' pueden deberse [aun] al tabaco.
Resalto este párrafo en concreto, aunque os animo a leerlo entero:
"Dejar el tabaco genera ansiedad, que se traduce en mal humor, nervios y sensibilidad extrema, incluso, malestar físico y taquicardias. Por lo general, a todos estos síntomas, que se prolongan por espacio de cuatro meses, se les une otro: hacer frente a la angustia que se siente al comer de manera desordenada y demasiada cantidad, en especial alimentos grasos y dulces."
Según el artículo:
- mis diez quilos no tienen excusa desde que pasaron de 4... pero parece ser que pasa más de lo que debería pasar,
- mi irritabilidad/crispación/mal humor ha de comenzar a disminuir en breve y
- es mejor no hacer régimen antes de los seis meses de haber dejado el vicio. (Se el motivo: la ansiedad horrible e insoportable que nos espera).
Aun así, creo que voy a ir al médico para que me confirme el tema, porque comienzo a estar cansada de tanta angustia, del mal carácter que pago con quien menos lo merece, de la ansiedad y de comer sin tener hambre... sobre todo cuando no he sido persona de comer en mi vida. (Excepto en los embarazos... ¡cuando he dejado de fumar!).
Al principio creí que mi estado de nervios se debía a mis miedos por los exámenes, pero ahora que ya he aprobado... ¿por qué sigo así?

En fin, que no se diga, que una tiene su parte gris y también la cuento. Que había quedado en cosas con gente, que he dejado de ver a casi todo el mundo, que no me asomo a ningún sitio ni me apetece nada...
Así, si os habíais decidido y os pasa algo similar, aunque no estoy segura de que en mi caso se deba al tabaco (o al menos no completamente), que no creais que está todo perdido y no lo vamos a conseguir.  
Podemos, esto es sólo un bache transitorio. (Y espero confirmarlo en un par de meses)



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29 de junio de 2008

Fracasar en la vida

Se que coincide con la crisis de los 40 años, aunque aun no los tenga. Se que se puede salir de todo y que la vida no es aquello que te pasa, sino lo que haces con aquello que te pasa. Pero... ¿qué ocurre cuando miras hacia atrás y no ves nada que te guste?
Veo tres hijos, mi mayor y único logro en la vida. Seguidos de tres maternidades donde no he dado la talla. Te das cuenta de que no lo has hecho bien, y de que ya tienes un hijo casi adolescente con el que muchas cosas no las podrás arreglar, incluso aunque encuentres las herramientas tarde.
Te casaste, y aunque con una gran crisis de por medio, creías que aquello estaba bien, que el amor todo lo podía y que tenías un matrimonio sólido que seguiría adelante. Y ahora no tienes claro si tu matrimonio atraviesa una pequeña marejada y llegará sano y salvo a buen puerto o si se dirije hacia una tempestad mortal e irreparable. Porque sabes que él se desinfla contigo, que no soporta tu peso, y soy consciente de que es grande, y posiblemente asfixiante y agobiante. No se si mi única posibilidad es poderme pagar un seguro que me cubra horas indefinidas de psicólogo y utilizarlo como muleta de lo que se que mi matrimonio, si sigo, no me va a dar. Me gustaría poder pensar que hay alguien detrás que me cogerá si me caigo, pero no lo hay. Y más allá del perdón, no se si puedo vivir con ello, quisiera poderme creer 'resguardada' por unos brazos protectores, de quien sean. Pero no los hay, y no se si pensar que si no los hay es porque no los merezco o que por supuesto que yo también merezco sentirme protegida. No entiendo nada. Sabes que el está cansado y sabes que no te mira con los mismos ojos. Sospechas que ni siquiera existe ya atracción hacia tí. Algo que también comprendo, porque yo 'no soy yo', soy una versión de mí misma con 12 quilos mas, fea como nunca me había visto, y horrible por dentro y por fuera como nunca me había sentido. No tengo ropa con la que arreglarme ni dinero para comprarla. Y lo peor es que la mayoría de veces ni siquiera quiero arreglarme ya, para qué, no sirve de nada. Sigo igual de horrible. Y no hay nadie a quien gustar. Da igual cómo te vistas, da igual cómo te adornes... sabes que no eres la primera persona de nadie.
Sabes que también has fracasado con tus amistades, que las tengo, no voy a negarlo. Valoro tener amigos. Pero nunca has sido la primera persona de nadie ni lo serás. De hecho, con todo este revuelto que llevo encima, ni siquiera se si las que creía mis cualidades (esas a las que ya no quiero seguir perteneciendo), eran en realidad buenas cualidades o el síntoma de una persona dominada por su ego, manipuladora, tóxica para los demás. "Una persona segura de si misma, que se informa, que es fuerte..." y resulta que eso es todo ego, todo ego... Te pasas la vida juzgando a quien te rodea, creyendo que esta o aquella es buena para ti, sin pararte a pensar que tu eres mala para ellos. Y descubrir eso es duro, joder...

Ego grande, salud pequeña

Luego ves que no es algo taaan raro, que quizás hay solución, pero ¿eres capaz de llevarla a cabo?
7 pasos para dominar el ego
El ego distorsiona la realidad
Alejandro Jodorowsky: 65 pautas para dominar tu ego

A veces veo como única salida aislarme del mundo, no molestar a nadie, intentar vivir en mi agujero en paz... pero entonces solo te recreas en tus propios lodos y... ya estamos otra vez dando de comer a Don Ego. Qué hartura.
Mi hijo es igual. Y además de tener un ego enorme, también tiene un orgullo enorme, y me da miedo. Si a mi me ha ido como me ha ido sin ser orgullosa, ¿cómo va a irle a el que encima no es capaz de bajarse y pedir disculpas?
Ahí esta mi trabajo como madre... ahí DEBERÍA haber estado. Pero acabo de darme cuenta de que no sólo no quiero las 'cualidades' que en teoría me definían y me hacían ser quien soy, esas cosas que 'se me reconcían', sino que encima te das cuenta de que te has equivocado en el 90% de tus decisiones, justo ahora que asoma (espero) la humildad, la realidad te abofetea constantemente. Un zas, y otro, y otro... Y no soy capaz de soportarlo, no me da tiempo a reponerme...  Es que no puedo.

Sentir que no lo has hecho bien como madre, pasando tu mierda a tus hijos, sin ser capaz de enseñarles algo mejor, sin siquiera darte cuenta de que tenías la obligación de ser tu mejor versión para ellos...
Que no lo has hecho bien como hija. Que tu madre murió cargada de tus disgustos, sin siquiera haber tenido tiempo de compensarlos, que tu padre seguramente hace tantos años que dejó de quererte que ni recuerda la última vez que tuvo ese sentimiento hacia tí. Que ni cuando lo has intentado hacer bien, ha estado bien.

Que no lo has hecho bien como persona, que nadie dirá que tu eres esa persona que vale la pena tener al lado. Que nadie buscará tu apoyo. Que nadie te pondrá primera en su lista de 'personas preferidas'. Hay veces que leo que no te preocupes de que se note que estás ahi, sino de que se note cuando no estás. A mi nadie me echa de menos. Soy la que se nota cuando está, revolucionándolo todo, a todos... Y supongo, visto lo visto, que la que deja respirar cuando se va. Creo que mi ausencia es el alivio, más bien.

Que no lo has hecho bien como amiga. Que nunca fuiste mejor amiga de nadie y si lo fuiste alguna vez, huyeron despavoridas... aun cuando creías que lo estabas haciendo bien. Que no tienes un 'grupo de siempre', una amiga que de verdad te conozca, alguien que lea en tu mirada, esa amiga que está en las malas, esa que 'está'. Simplemente forjaste un camino que puso puertas a todo el mundo, en lugar de dejar fluir. No es mas que el pago a lo sembrado.
Que no lo has hecho bien profesionalmente. Que no eres NADA. Que no sabes nada. Que quizás podías haber estudiado, pero no lo hiciste. Que tienes 36 años, hacia 37, y no tienes una profesión, ni un puesto de trabajo, ni nada a lo que agarrarte. Que aspiras a los mismos empleos-basura que los chicos jóvenes (que tu ya NO eres) que ahora aprovechan su tiempo estudiando y tienen toda la vida por delante. Y tu no. Ni tampoco tienes la disposición. Ni el tiempo.

Que no lo has hecho bien como esposa. Que llevas casi dos años sin que tu marido te toque, que existe una desconexión brutal... Que quizás el deseo se asoma tímidamente alguna vez, pero esos 12 quilos, esa inseguridad aplastante que te gobierna ahora, se ocupan de cerrar las puertas. Y si no es esa inseguridad, es la suya, despues de haberle dicho que no te satisfacía, momento en el que creció un enorme iceberg entre nosotros. Y ahora, tras casi dos años sin ningun tipo de sexualidad, a veces se acerca a tu entrepierna... o a tus enormes pechos. Esos que odias, que te avergüenza mirar, que solo soportas porque alimentan a tu pequeño, pero que detestas por su forma, su tacto, su tamaño, por los dolores de espalda que te causan. Esos pechos, que son lo más antierótico que existe en tu cuerpo, y el pretende que te excite siquiera levemente su tacto. O entrar a matar excitando el sexo directamente, ese que lleva dos años en coma, muerto, en las mazmorras, aburrido, que se olvidó de todo. En lugar de querer hacer el amor contigo quiere intentar echar un polvo, si es que aun se puede... En lugar de ganarte con palabras, con caricias, no cinco minutos antes de 'meterla', sino días antes de siquiera pretenderlo. En lugar de hacerte sentir bonita, amada, deseada... en una vida sin un duro y sin un minuto.
Por eso pienso que simplemente no puede hacerlo porque no lo siente. Y no lo culpo. Pero también duele. Mucho.

Así que darse cuenta de lo que has sembrado, de lo que eres, de lo que has hecho, de cómo te ve la gente, de por qué, de por qué estas sola... eso, eso es duro. Y tengo espíritu de lucha, pero me aplasta saberme así. Me aplasta sentir, saber, que soy una mierda. Qué agobio me siento. Haberme dado cuenta de todo se que es un primer paso importante, pero no se si tengo fuerzas ni ganas para cambiar tanto. Dejé mis ganas de lucha en un millón de cosas que me desgastaron, y ahora que quería 'descansar', tengo ante mí la batalla más gorda de mi vida: YO. Y no tengo ni pizca de ganas de pelear por mi. Sobre todo porque no creo en mi, porque no creo que una persona pueda cambiar tanto, porque no me gusto, no me acepto, no me quiero sin tener que hacer nada por mi, cuanto menos teniendo que escalar un K2 para 'salvarme'. No me quiere nadie, no me quiero yo... y para que te quieran dicen que tienes que quererte, pero cómo voy a quererme si para ello tendría que cambiar tanto que dejaría de ser yo... y eso implicaría una lucha que la verdad, no merezco la pena luchar? Y se que haber invertido mi tiempo en todo esto, habría sido mi mejor lucha de mi vida... pero ahora es que no tengo ganas de luchar. Me siento pequeña, débil, miserable. No me tengo pena, se que si tengo esto es porque lo merezco. Oh, y también leo a menudo eso de 'no ser tan dura contigo misma', me hace hasta gracia. No se tratarme de otra manera, no se relacionarme con nadie de otra manera. Yo necesitaría una especie de 'maestro zen' con mas paciencia que un santo, llevándome de la mano durante bastante tiempo, hasta plantarme delante de ese punto de 'clarividencia' al que las personas, después de madurar, parece que llegan solas. Necesitaría poder desaparecer un tiempo, largo, bastantes días con mi propia mierda, que pudiese sacarla, llorarla, abandonarla y reconstruirme de verdad... pero es que ni se si eso sería posible.
Y se que camino sola, que no hay nadie detrás que quiera soportar mi peso, a mi misma. Que no hay nadie a quien recurrir para que te de ese abrazo reparador, que no hay nadie incondicional en tu vida. Que tu estas de paso siempre. Y sabes que estas sola, que tus hijos están solos, y solo puedo pensar en que creo que ni siquiera alcanzo a ver lo mal que lo he hecho absolutamente todo para haberme quedado TAN TAN TAN sola y haber conseguido que mis niños, que no tienen culpa de nada, paguen la esclavitud de la cosecha de su madre.

De verdad que se me quitan las ganas de vivir, yo no se ni por dónde cogerme. Supongo que aun necesitaría una terapia profesional, pero no me la puedo pagar, al menos hasta que trabaje... en vete a saber qué, con qué horario, dejando cuántas horas a mi bebé en una guardería y a mis hijos solos, por un sueldo de mierda, ahora que mi marido tiene un horario tan maravilloso y te da tanta tranquilidad. Una mierda de horario 'todoeldia'. Y aun gracias, que tiene un trabajo... trabajo que detesta, que no le reconocen, en el que se pasa más de media vida y que ni siquiera llega para cubrir los gastos de su familia. Y aun asi, aunque con sus baches también, sigue asistiendo cada día... por nosotros. Y cree que no lo valoro, aunque lo valore infinito... porque tan solo me quejo. Me quejo porque esta inseguridad me mata y soy como una sanguijuela, que necesito mas y mas... y más. Y el ni puede ni quiere darme tanto. Si es que es normal. Debería solucionar mis problemas yo, pero es que no hay nada que me de fuerza par hacerlo, nada que me haga pensar que vale la pena invertir[me] tanto tiempo...
No voy a suicidarme, aun tengo la mente suficientemente lúcida como para pensar en ellos, en las dos únicas personas que me necesitan en el mundo, mis pequeños. No podria hacerles eso, no, habiendo pasado por lo que yo he pasado.






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23 de junio de 2008

Tópico típico

23/06/2013
Típico y tópico, una crisis de esas que tienen hasta nombre propio. ¿Será la crisis de los treinta? Fíjate que no estaba segura ni de que existiese, y resulta que si, que hasta tiene un blog con nombre propio y que Muy Interesante ha escrito sobre ella un artículo, que incluso viene de un estudio 'muy interesante' que viene a decir, a grandes rasgos, lo que siento yo ahora. Así que me declaro en "época de crisis" oficialmente, aquí, en este blog que casi nadie lee pero a mí me va divino para desahogarme. Una crisis que yo creo que ronda como cosa de uno o dos años pero que ahora se ha manifestado sintomáticamente, eso que en nuestra medicina actual posiblemente me llevase a tomar alguna mágica pastillita para cortar el síntoma sin tocar la raiz que lo ocasiona.
Y claro, rarita que es una supongo que al final era inevitable que buscase información sobre eso que me da vueltas al tarro... y et voîla! Aquí estoy.

Y es que según el estudio que os decía, hacia los 30 sufrimos un repentino ataque de inseguridad, depresión y soledad... Solo con eso hago un pleno al quince, después de una semana mendigando cariños y arrastrándome por los rincones y de considerarme poco más que un desecho humano, más sola que la una. También habla de una especie de "presión de triunfar antes de cumplir los 35" y fíjate tú por donde hoy pensaba yo en mi preciosa prima. Guapa, simpática, inteligente... que por un memo dejó de estudiar una carrera que no la llenaba pero bien podía haberse sacado, y que ha acabado trabajando en Mercadona. Y no hace mucho, no se cuándo, me decía que en una cena de antiguos compañeros cada cual contaba cómo se ganaba la vida y ella se sintió: "yo... trabajo en Mercadona". Ay, prima mía, ¡cómo te entiendo! A tí, que trabajas en Mercadona con tu puesto fijo y te van a ascender (si es que eres más maja!), porque yo que soy unos añillos más grande que tu, ni siquiera tengo eso... ¡qué me vas a contar!

Parece ser, segun el estudio, que llegado un punto acabamos recuperando el control de nuestra vida, entre los 30 y los 35, que es cuando tiene lugar esta crisis, centrándonos en nuestros intereses, y que a fin de cuentas esta es una crisis positiva que nos llevará a tomar buenas decisiones en un 80% de las ocasiones. Bendita crisis tengamos.

En realidad yo me he dado cuenta de esa 'presión' hace relativamente poco. Más bien he mirado a mi alrededor y me he dicho: "guau, nena, el tiempo te lleva una buena ventaja, chica!!!". No es presión en sí, nadie me presiona más que yo a decir verdad... y tampoco es exceso de presión lo que a mí me hunde. Al terreno profesional le estamos poniendo remedio, así que poco más se puede hacer ahora mismo en ese campo. El tema ha venido por otros barros y así hemos llegado a estos lodos... Diría yo que esto es más bien una crisis existencial a todos los niveles...
Maternal, en una tercera maternidad que no va a consagrarse nunca y me duele como nadie sabe. Por no mencionar que no logro alcanzar eso que creo que merecen mis chicos y no tienen en esta, la única madre que tienen. Y mira que lo intento, pero no llego. Y leo, y leo, y pruebo y pruebo... y no hay manera.
Profesional, donde me siento bastante en la línea de aquel último lugar donde andé ganándome el sueldo: "aquí no te pagamos para pensar", pronunciadas por alguien que ni sabe ni conoce la diferencia entre líder y jefe joputa.
A nivel amistad, quizá soy una romántica que sigue creyendo en un concepto de amistad que se está extinguiendo pero que yo me emperro en defender. Aunque a veces me pregunte si será que yo no soy merecedora de tal regalo cuando anhelo tener cosas en común que hacer y sobre las que charlar con las personas que, por suerte, tengo a mi lado. Poder dialogar tomando un café sobre ese millón de cosas que me inquietan, con alguien a quien también le inquieten y si se puede, de paso, poder contar con ell@s para que te den la mano... Realmente pienso si acaso pido un milagro. Hace poco leí una frase que rezaba: "amigo es aquél que te ayuda a levantarte cuando el resto ni se han dado cuenta de que habías caído". Joder, aquí no se entera ni diox. Algo estoy haciendo MUY mal.
Personal y emocional, cuando hace ya unos años que caíste en la cuenta de que tenías que reconstruírte, como el nombre de este blog indica, y siento que llevo mucho tiempo en obras pero sin haber avanzado un solo paso en mi restauración. Que sigo gustándome lo mismo y que sigo causando el mismo furor. Y he llegado a reconocer algunos de los errores, pero no tengo el software para repararlos... o peor aun, ni se cuál es el software ni si existe o es una cruel utopía.

Estoy muy agradecida a la vida, tengo un marido maravilloso y unos niños preciosos que lo son todo para mí. Pero he de reconocer que anhelo unos abuelos que les cuenten cuentos, los malcríen, que quieran pasar tiempo con ellos y les compren chorradas sólo porque 'pasaron por allí y pensaron en ellos'. Jo, y que de vez en cuando, sólo de vez en cuando, nos echasen un cable. Y pienso que los alquilaría, de verdad que si. Por un fin de semana al mes o algo así. Unos abuelos de esos que pierden el culo por ayudarte en lo que sea y pasar tiempo con sus nietos. De esos que los nietos adoran. Ojalá pudiese hacerse, sería genial, mis niños dejarían de mirar a los abuelos de los otros niños como ahora los miran. Y de paso, que de vez en cuando nos diesen un achuchón o un tupper a nosotros, que faltica también nos hace... Desde que murió mi madre, se acabó aquello de que viesen en una mirada que aparentaba ser feliz (y lo era para todos), que esos ojos maquillados lloraron hace muchas horas. Eso ahora es magia negra que en mi casa no existe. Esta mañana he tenido un buen rato con mi chico grande y pobrecito, me decía si nosotros estaríamos ahí cuando ellos sean grandes. Claro, mi amor, nos dejaremos la piel por vosotros mientras estemos en este mundo, que sabemos lo que es estar solos. Y espero que aun me queden muchos años, al menos mientras ellos me necesiten. Aunque en realidad nunca se deja de necesitar a una madre, creo yo.

En fin, que resumiendo, no se qué voy a hacer con nada. Por ahora disfruto de ellos y hoy me decidí a asomarme por aquí. Tengo un blog con muchas visitas y más de 18.000 fans en facebook, super util según algunas personas... que a decir verdad me esclaviza un poco y que apenas tiene comentarios, con el que llevo casi 7 años de mi vida. Tengo unos 40 artículos a medias que pensaba hacer y publicar, y la verdad, no tengo ni pizca de ganas de terminar. Y me han regalado dos libros, sobre maternidad, que tengo que leer y sobre los que debería escribir una reseña... pero me apetece menos que nada ninguna de las dos cosas. Creo que ha llegado el momento de dejar el mundo de los bebés, me está destrozando viva.

Jesusa también me pasa un vídeo de Redes, gracias al cual descubro que esto puede tener otro nombre: Ansiedad global, cuando sientes que no estas a la altura de la imagen que la gente tiene de tí. Aunque en el vídeo hablan de la vida de los famosos y a mí me dan bastante igual, y es que no necesito ni quiero parecerme a ellos para que mi vida sea valiosa, que ya lo es. Tan sólo quiero un buen trabajo que me guste, y para eso ya he puesto remedio; un tercer bebé, ser mejor persona y mejor madre para mis niños. Y que haya alguien ahí con quien poder contar, hablar y abrazarse, aparte de mi marido. Alguien que se preocupe un poquito por nosotros, nos quiera y piense igual que nosotros en algunas cosas importantes. Tengo la imperativa necesidad de poder hablar cara a cara con alguien sobre las cosas que me mueven y me preocupan, aunque sólo sea de vez en cuando...
Proponen en el vídeo imaginar un brindis por tí el día de tu boda. Se las cosas que la gente diría de mí, cosas buenas, aunque en algunas no estoy en absoluto de acuerdo... Pero más allá de eso, se lo que NO dirían, que es lo que a mí me gustaría escuchar hace ya mucho tiempo y no se cómo lograr: una persona querida. Ese es mi talón de Aquiles, la belleza emocional que no se conseguir.

Tengo una pelea interior con Facebook que no se si tiene solución, porque actúa de nexo con ese mundo en el que creo, con las personas que forman parte de el, pero para ser sincera me tiene hasta el moño que no tengo. Y donde hay tanta basura por todas partes... y tanto rollo chino... ahí todos nos creemos libres de pecado y hasta el más papista no hace más que tirarle piedras al vecino mientras va predicando 'hermanos... no tiren piedras al vecinooo!'. Y es que, hagas lo que hagas, estará mal, muy mal para alguien. Tanto como para pretender difundir tu verdad verdadera por la blogosfera y que todo el mundo a tu paso se postre a los pies de tu pluma.
Bueno, yo a lo mío, intento hacer un ejercicio de autocontrol y no solo me dan igual todas esas personas y lo que digan, sino que he de conseguir que me resbalen como si estuviese untada en mantequilla y además he de aprender a callarme. Fiuuu, a ver si fluyo.

Volviendo al estudio de antes y para finalizar, llega mi nota discordante. Decía también que las personas más propensas a padecer este tipo de crisis son personas con educación superior y con fuertes deseos de tener éxito y un concepto idealista de lo que debería ser su vida.
Creo que nunca pedí una vida ideal, voy sorteando las cosas conforme me llegan. Tengo una familia fantástica y montón de mierdas acechando, que muchos no ven. Pero tampoco me preocupan demasiado, de casi todo se sale en esa vida. Y éxito, éxito... no se, no se. Creo que con una piececita del puzzle que encaje con el resto me sentiría la persona más feliz sobre la faz de la tierra. Aunque claro, si por ideal nos referimos a que me toque la lotería, entonces si, por favor, un montón de millones para no tener que dejar cosas que duelen en el tintero.



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8 de mayo de 2008

Decisiones importantes

08/05/13
Me gusta escribir, y la noche me inspira para hacerlo, asi que cuando no paro de darle vueltas a lo mismo, es una forma de 'descargar' dejarlo plasmado, además de que me suele ayudar a distanciarme y ver las cosas de forma objetiva.
Llevo semanas pensando, dando vueltas, analizando... y no soy capaz de tomar una decisión. Bueno, en realidad tampoco 'puedo' tomarla aún, hasta que no sepa los resultados de los exámenes el día 22...  Pero es una decisión importante, mucho, y soy capaz de 'tenerlo claro' diez veces al día, alternando entre las dos opciones:


Ese es mi dilema. Que las entrañas me piden aceptar el desafío de mi marido y lo que clama mi corazón... y el cerebro me pide hacer realidad mi sueño. El problema es que el tren pasa para los dos por última vez, no puedo quedarme con las dos cosas, he de escoger una de ellas y no soy capaz de hacer la elección. Las dos me pesan demasiado, las dos son demasiado importantes para mí, las dos llevo mucho tiempo esperándolas... pero son incompatibles. Ya tiene tela que te pidan un hijo cuando estudias para el acceso a la universidad, ya... Y quiero ese bebé, lo quiero... quiero oler su piel, sentirlo, gestarlo, amamantarlo, parirlo. Lo quiero. Quiero que mis hijos se tengan, que no estén solos, un tercer hermano, aunque se lleven tiempo entre ellos, siempre será un hermano. Pero quiero mi carrera. Es una espinita que tengo clavada desde mi juventud, es algo que le debo a mi madre, que me debo a mí misma. Es el motivo de mi tatuaje. Es el motivo de haberme presentado a las PAU+25. Quiero ser algo en la vida, no soporto más verme en esta espiral que me traga, donde no puedo pedir porque 'no soy'. Y quiero ser, necesito ser. Quiero ganarme la vida con algo que me guste. Y quiero estar ahí para que el día de mañana, cuando mis hijos me necesiten con los suyos, me tengan. Y eso solo es posible si consigo hacerme maestra... Maestra de chiquititos, que son los que me van, que es lo que me motiva. Pero si finalmente hago mi carrera, me quedará la pena en el alma de no haber tenido ese tercer hijo, y esa pena pesa mucho.

Los pros y los contras los he analizado mil veces, y en ambos casos tienen la balanza compensada... lo que uno resta por un lado, aporta por otro, y viceversa. Y no se qué hacer... no se qué hacer, porque deje la que deje, tome la decisión que tome, una parte de mi va a ser feliz y la otra pasará una etapa de duelo.

Y pienso por un lado que ahora los tengo grandes, que dentro de un par de años, cuando acabe el ciclo superior, podría comenzar mi carrera, que también quiero tener un sueldo decente de una vez por todas, que necesito ser algo y que quiero (mucho, muchísimo) tener el horario de los profesores para estar con mis hijos, y con los suyos cuando lo necesiten, siempre que no tengan colegio. Que necesito tener un trabajo en el que me sienta realizada y sentir que soy una pequeña piececita con su lugar en el mundo. Idealmente, debería haber sido la carrera antes y los hijos después, pero ¿acaso aun no estoy a tiempo?
Si tengo un bebé ahora, debería esperarme hasta que se hiciera mayor para poder [volver] a ponerme a estudiar, después de haberlo dejado [otra vez], por lo que ya haría una carrera más por satisfacción personal que para ejercer... o ejercer a los 50 años. Así que posiblemente renunciaría a la carrera. Significarían dos o tres años de auténtica locura [otra vez], justo ahora que lo comenzamos a pasar, y es que es muy duro subir a un bebé si los dos han de trabajar y no hay nadie que pueda echar una mano... Por no hablar de los dos años próximos que pasaríamos , a nivel económico, al quedarme en casa sin trabajar... embarazada primero y hasta que el bb tuviese su primer añito (y yo acabase el segundo año del ciclo). Sinceramente, tengo serias dudas de cómo saldríamos adelante durante tanto tiempo sin mi sueldo. Pero luego lo pienso, pienso que el bebé si que es compatible con el ciclo superior, y que aunque ahora no hay bolsa de trabajo también podría conseguir trabajar como soporte en un colegio (menos sueldo pero mismos horarios que los maestros) y que de una u otra forma saldríamos adelante... Y me imagino con el bebé, me imagino embarazada, me imagino dándole el pecho, me imagino sus risas, sus babitas, su olor... Me imagino a mi familia sentada en la mesa, ahora, y dentro de unos años, con sus vidas, sus parejas... Y quiero ese hijo. Y por un momento me da igual el mundo y sólo quiero ese hijo, y lo desea cada célula de mi cuerpo, mi corazón, mi mente... hasta que recuerda que significa renunciar a mi carrera, recuerda mi tatuaje, recuerda a mi madre, recuerda cuánto me gustaría ir a la universidad. Y volvemos a empezar...
¿Hacia dónde me dirigiré, dividido hasta las venas?
Yo, que he maldecido
al oficial ebrio del dominio británico, ¿cómo elijo
entre esta África y la lengua inglesa que amo?
¿Traicionaré a ambas, o les devolveré lo que dan?
¿Cómo presenciar semejante matanza y quedarme impasible?
¿Cómo alejarme de África y vivir?
 "A far cry from Africa", Derek Walcott

La verdad es que espero que el día 22 no decante obligatoriamente la balanza. Porque sólo lo haría en el caso de no haber aprobado, donde obligatoriamente el bebé queda descartado y todo lo mío aplazado por un año. Prefiero decidir y escoger yo, prefiero haber aprobado. ¡Deseo con el alma haber aprobado! Así que de momento, hasta el 22...



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16 de abril de 2008

La soledad en el embarazo


 
16/04/2014
No es la primera vez que hablo de ello... la soledad y la falta de tribu durante el embarazo y la maternidad, la necesidad de un puerperio tranquilo... y este embarazo se está llevando la palma. Primero con lo del parto, el agobio profundo que me causó pensar que me quedaba sin parto en casa por un tema de pasta... una decepción tan grande que hizo que dejase de ser socia de epen, de dona llum, borré mi cuenta de facebook... recluída como un caracol, echa un trapo. Tanto tiempo informándome, colaborando, ayudando desinteresadamente, difundiendo... y cuando te llega el momento a tí, un puñado de euros te dejan como si no supieras nada. ¿Dónde quedan ocho años de tu vida que has preparado para este momento? Da igual los años, da igual los libros leidos, da igual la informacion que manejes, lo que sepas, lo que hayas hecho... Me sentí "abandonada" por la causa que llevo años defendiendo, hundida y aterrada de pensar en que mi bebe tuviera que nacer en un hospital. Menos mal que tras unas semanas horribles, el tema pudo solucionarse o aun estoy llorando por ello: una cesárea previa y un hospital no son buenas alianzas para un parto decente.

Me dijo mi matrona de la SS un día que una mujer embarazada es una Diosa creadora, dadora de vida, y que como tal debería ser tratada. Yo entonces me sentía "fantabulosa" y feliz le decía que sí, que así era. Pero no es esa la realidad, ni de lejos, que se vive en muchísimas ocasiones.

Si se buscan las palabras "soledad" y "embarazo" juntas en google, casi todas las historias que salen son de mujeres que han sido abandonadas o bien han roto ellas la relación durante el embarazo y han de enfrentarse a la maternidad sin una pareja al lado. Pero, ¿y qué ocurre cuando la relación no está rota, pero aun así la mujer pasa el día sola, y lo que es peor, SE SIENTE sola? ¿Y qué ocurre si la mujer tiene más hijos? ¿Y qué ocurre cuando además no hay madre, ni hermana ni amiga que venga a traer un tupper de comida un día y a llevarse a los niños toda la tarde para que puedas desconectar... nunca? ¿Cuando esa mujer se siente sobrepasada...?

Cuando leemos relatos realistas sobre la maternidad, siempre se hace alusión al papel de las abuelas, esos seres entrañables que hay que mantener a raya pero que se encargan de aligerar a la familia cuando necesita un respiro. "Piensa que de las labores del hogar se ocupan las abuelas", decía Alba... Qué ridículo suena cuando no hay abuelas ni nada que se le parezca. Cuando piensas en el momento en el que a tu marido se le acaben los días de permiso y te entran ganas de llorar... y lloras. Mucho. Porque te ves sola, muy sola, con dos niños que dan mucha guerra y un bebé que sabes que por supuesto te va a reclamar al 200%. Con sus actividades, sus colegios, casa y estudios entre tetada y pañal, hayas dormido o no en toda la noche. Todo eso 'está bien', pero no 'está bien' que sea sola.

No es que quiera venir a llorar... es que necesito escribir sobre ello y desahogarme. O si, qué leches, necesito llorar porque siento que soy una válvula a presión y estoy a punto de rebentar... Porque si, se que soy una coctelera llena de hormonas, pero eso no me quita razón. Tengo la tremenda suerte de tener un amor de hombre a mi lado, siempre nos hemos encargado de las cosas los dos juntos, tenemos una buena relación y nos queremos mucho. Pero somos lo único que tenemos, hace mucho tiempo que supimos que no podíamos contar con nadie más. Que nuestro día a día es "apáñatelas como puedas" y que no hay nadie al otro lado del teléfono que contenga y abrace o esté dispuesto a venir si hace falta... (esas cosas que hacen las abuelas, por ejemplo.. o al menos mi madre lo hacía. Y si no es una abuela es una hermana, o una suegra, o una amiga o una tía). El caso es que por motivos "x", el mozo que tengo al lado se pasa 12 horas en el curro cada día, además en jornada partida, y yo me paso el día sola con mis niños, mi barrigón y mis hormonas. Y algunas cosas no puedo hacerlas... y las dejo para cuando llega él, que viene agotado y su mujer le tiene un regalito o dos por hacer. Tan hecho polvo que hace meses y meses que no te toca y tu te sientes aun más gorda y fea de lo que estás. Y encima la mujercita aprieta las tuercas: "¿Cómo lo vamos a hacer cuando nazca el bebé? ¡Esto no puede seguir así, te necesito!" Así que él se agobia más de lo que ya está por el omnipresente trabajo, y en muchas ocasiones, lo único que haces es alejar a quien más necesitas, a la única persona que tienes a tu lado, o descargar tu ira y frustración contra él.
¿Dónde se ha visto que se bata récord de facturación en tiempos de crisis, cuando los clientes pagan la mitad (y exigen el doble) en diez años que llevamos aquí y con un trabajador menos? Pues aquí, aquí... Dando gracias porque tiene trabajo pero maldiciendo su puesto, su 'horario', su sector y todo lo que se pueda maldecir porque no es justo, porque no se puede vivir para trabajar, ¡se tiene que trabajar para vivir! Me quejaba porque entraba el primero y salía el último... y por quejarme, añade dos o tres horas más cada día (y pensaba que eso no era posible, ja).
Y recuerdas cómo te dijo "podemos, cariño, saldremos adelante, siempre lo hacemos". Y ahora entiendes: "te lo vas a comer solita como esto siga así, chata". Y te entran ganas de echar marcha atrás, de no dejar venir a este bebé, de no quedarte embarazada... y oh, ¡cómo te hace sentir eso! Es la guinda del pastel, sin duda. Tanto tiempo deseándolo, tanto que lo quieres y cómo te hace sentir que si pudieras no te quedarías embarazada porque lo estas pasando fatal y sabes que lo peor aun está por llegar. Así que no puedes evitar sentirte engañada, estafada... sentir que esto no es lo que esperabas, que la situación en el trabajo, lejos de mejorar, empeora, cada vez más horas y más horas... que además no se pagan. Y tu te ves en un barrizal que ni sabes por dónde ha venido, pero que desde luego, no era el plan. Si, sabías que no iba a ser fácil, pero no una carrera de obstáculos con grado de dificultad XXL. Necesito a mi marido y mis hijos necesitan a su padre, ¡tampoco pido tanto!

Sabes que tu bebé te va a necesitar... y que tú sólo vas a tener para ofrecerle a una madre loca de la vida, corriendo de aquí a allá todo el día, que intentará compensar la falta de paz con mucho porteo y mucho amor... y que eso no es suficiente. Y a otros dos hijos con una madre estresada que no estará a la altura hasta que el bebé deje de demandar tanto, y sabes que eso tampoco es justo. Y no te quieres ni imaginar a un bebé que mame como la niña, durante una hora y a cada hora del día y la noche... porque no sabes cómo se soporta eso con dos hijos más, en colegios diferentes, con actividades diferentes y horarios diferentes. Y te ves en medio de la toma: "vamos, nene, que es la hora de ir a buscar a tu hermana, que papá trabaja!!!. Y él llora, porque claro, siente tus nervios, y lo sacas de la teta, y te vas pitando, con un bebé que llora a medio comer... coche arriba y coche abajo. Y luego de vuelta: "vamos, nene, que hemos de ir a buscar a tu hermano, que papá trabaja". Y luego los deberes, y los baños... y a las 9, cuando por fin has acabado un horroroso día más... llega papá. Ah, ¡y tu! ¿Tú? Deja, no hay tiempo para eso... ya lo pensaremos de nuevo en... no se, diez años.
Lo único que me consuela es que cuando nazca, Héctor estará un mes con nosotros. Y que después, los niños seguirán de vacaciones y yo tampoco tendré curso, así que (menos mal, ¡menos mal que eso si nos salió bien!) tendré casi cuatro meses para estar por el bebé y los niños se pasarán el día en la piscina, sin horarios inflexibles que cumplir. Casi mejor olvidarme de 'la vuelta al cole' por ahora o me colgaré de un pino antes de que llegue...

De momento has firmado un contrato "fijo", de los de antes, con absoluta disponibilidad para tres jefes diferentes durante las 24 horas del día, los 365 días del año y has renunciado expresamente a dedicarte media hora de gratitud "hasta fin de obra o servicio". Y en realidad eso no me importa... el problema es que sola no puedo, que necesito un poquito de ayuda. Y que además, ves que tu cuerpo te pide que pares, que tu bebé te lo está gritando y que no le haces ni caso. Que no te dejan hacerle caso, que nadie ve ni siente esos gritos que a tí te ahogan desde dentro, y te mueres de miedo porque tienes una sensación extraña. Porque no sabes si esa sensación es que vas a echarlo antes de tiempo, si es que va a nacer demasiado pronto... o qué es. Que te pasaste el primer trimestre con pérdidas: "eh, como no bajes marchas me voy de aquí, mamá", sabes que era lo que había que leer. Y ahora un esguince, y cuando el esguince mejora, luego te vuelves a torcer el tobillo por el mismo sitio. Y además añade el dolor mortal este del pubis que me tiene hecha polvo... Oh, si, la sangre impresionó, la sangre hizo que todos nos asustáramos y se forzase el descanso para mamá. Pero ahora no hay sangre, ahora 'no pasa nada', ahora no nos podemos permitir a una mamá embarazada, esta casa necesita una mamá funcional y operativa, con esguince o sin él, con contracciones o sin ellas, con 'pubalgia' y sin ella. Y recuerdas a Vanessa, la comadrona, diciéndote: "¿Necesitas sangre para parar? Porque si la necesitas, la tendrás. Este bebé te pide que pares, te dice que este esguince es él, que tienes que bajar marchas"...
Si mamá llora es 'normal' por el embarazo, tooodo es normal por el embarazo. Papá 'entiende' que estés mal... ¿Pero qué es lo que entiendes, papá?
Y te sientes atacada, con angustia, con ansiedad... porque tus dos hijos, lejos de entender la situación y portarse mejor o cuidar a mamá, o incluso lejos de portarse "decentemente" como [casi]siempre, están hechos unos locos que no paran de discutir, de chincharse, de gritar, de llorar, de correr, de "¡mamaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!", de "¡mamaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaá!!!". Y tu piensas en contar hasta diez. Y cuentas. Y luego hasta 30. Y cuentas. Y todo por dentro te da vueltas como en un centrifugado y al final acabas: "¡¡¡paraaaaad yaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, por favooooor!!!" Y eso te cuesta una hora de ansiedad y otra hora para tranquilizarte... horas de paz de las que normalmente no dispones. Quiero (me esfuerzo, de verdad) en pensar que esta locura es propia de los mismos nervios por la llegada del bebé. Y quiero (me esfuerzo aun mas, de verdad) pensar que una vez todos acomodados a la nueva situación, se calmarán.

Ya, ya se que será el percal de cualquier mamá con más de un hijo. Y que seguro que habrá alguna por ahí que tampoco tenga a su madre o a alguien al lado: Querida, juntémonos, por favor. Hagámonos de tribu mutuamente si existes de verdad. Te necesito. Me necesitas.

Y una piensa, y piensa... demasiado. Y llega a la conclusión de que o es muy mala persona que no merece nada, o tiene muy mala suerte, oye. Porque intentas estar ahí para quien te necesita... y aunque normalmente no le das importancia, la gente te lo dice, te lo agradece... Pero cuando tú necesitas a alguien... ¿hola??? ¿holaaaa?. Parece que todo el mundo está divorciad@, o divorciándose, o le va fatal esto o aquello... y que como tú, bastante tienen con lo suyo como para cargarse más al lomo... (porque esa es otra, has cerrado puerta a problemas ajenos, no puedes más que con tu alma y a duras penas... y eso también te hace sentir mal, aunque tengas las cosas claras). Da igual que tu hayas estado ahí cuando se te necesitó, ahora no hay nadie para tí. Y se que hay gente... pero que ahora mismo tiene bastantes problemas como para ir a contarle los míos. A veces creo que la gente me ve tan autosuficiente, me saco tanto las castañas del fuego, me busco tanto la vida, que parece que nunca jamás precise de atención en sentido inverso. Y no es justo, no me quejo de apañarme siempre y ayudar a los demás, de verdad que no... pero tampoco me voy quedando embarazada cada año, también tengo derecho a necesitar un poco de atención una vez, a que se me llame para preguntarme cómo estoy, ¿no? O quizás es sólo una forma de maquillar esa posibilidad que duele en lo más profundo, que no eres merecedora de cuidados, mimos o algún tipo de gratitud. Que eres una mala persona que no está recogiendo más que el fruto de lo que ha sembrado. Y que debes haber sembrado semillas podridas y vacías porque no hay nada por recoger. Hoy, que sí necesitabas recoger algo... que te da igual cosechar gratuítamente siempre, pero hoy, que sí necesitabas recoger algo, no hay nada. Porque no, no necesitas un café con alguien que no entiende ni jota de cómo te sientes, necesitas TRIBU: sentirte comprendida, arropada y sostenida.
He de decir que hay dos personas cercanas que creo que me quieren y me han llamado varias veces e intentado verme porque saben que algo no va bien... pero con una de ellas básicamente no tengo nada en común (su vida y la mía son como la noche y el día) y ahora no me apetece nada tener que hacer que comprenda cómo me siento y que además quiera tener la razón; la otra tiene tanto lío personal y tanta empatía que desahogarme con ella la ahogaría a ella un poco más y tampoco es justo.

La cuestión es que esto está montado fatal. Que me preguntaba el otro día mi comadrona qué necesitaba, y yo tajante le dije "una madre", a lo que ella respondió que también querría tener a su madre aquí y no la tiene, que nos tenemos que adaptar a lo que hay. Ya, si llevas razón. Pero hay un abismo entre tenerla a unos cientos de quilómetros o tenerla muerta, querida. Si yo llamo a mi madre por teléfono estando como estoy, se viene desde donde haga falta (aunque en realidad estaría sin haberla llamado). El problema es que no hay donde llamarla. Y hay un abismo entre tener a "alguien" y no tener a nadie. Y cuanto peor estás, menos ánimos de salir a ningún grupo de apoyo/maternal con casi desconocidas tienes...
Tampoco ayuda tener un padre que no te ha preguntado ni una sola vez por el embarazo y el bebé que llevas dentro, que ni sabe que es un niño, que a veces hasta dudas de la existencia de aquella conversación (tan nítida en tu memoria) en la que le decías que estabas embarazada y él como todo "felicidades" te decía: "que esté bien, que ya no eres una niña, que salga bien, que ya no eres una niña". (Oh, gracias, papá, ahora me acabo de dar cuenta de que los 35 me convierten en una anciana con altas probabilidades de que todo vaya fatal: yo también estoy contenta por este bebé, gracias). Bueno, en realidad siempre fue así... si ya lo sabes, que no es nada nuevo, si nunca estuvo...  Pero me entristece sólo pensar lo que cada vez tengo más claro que va a suceder: enviarle un sms con una fotografía de mi bebé recién nacido y decirle: "Es Anhel, tu nieto. Ese por el que no has preguntado ni una sola vez, acaba de nacer". Así que duele que todo el mundo tenga cosas más importantes que hacer que tú. Que tú no seas importante más que para quien se pasa 12 horas en el trabajo y te tengas que comer tus propios mocos, porque ni tiempo para lamerte las heridas tienes, cuando deberías "ser tratada como una Diosa dadora de vida".(Y tampoco pido eso, solo un poquito de atención)



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